Pronto llegara tu 6º aniversario, de tu fallecimiento, Lolilla, todavía hoy aun en día tus recuerdos son cada vez mayores y me acuerdo tanto de ti, cuando algo de lo que tu hacías viene a mi memoria una pequeña sonrisa florece en mi cara, voy poco al cementerio, ya soy muy viejo y ponerte las flores en tu nicho es un trabajo improbó ya que soy incapaz de 1º buscar la escalera luego llevarla hasta allí y después subir que me cuesta mucho y casi me caigo, es difícil ya para mi hasta ponerme los calcetines, por eso te pido perdón por no estar a tu altura, tú eras más ágil que yo, en nuestros años de convivencia.
Hemos vivido en matrimonio durante muchos, muchos años, y vivir en pareja también supone compartir sentimientos, deseos y anhelos, a lo largo de nuestra vida familiar, debemos vivir múltiples cambios propios de las etapas de la vida que están pasando. A pesar de los cambios que hemos tenido en nuestra relación con los hijos, debemos adaptarnos a los cambios individuales del otro (crisis de cada edad) y a los desafíos de cada etapa de la vida familiar (hijos pequeños, adolescencia, salida de los hijos de la casa, nacimiento de los nietos.
Siempre olvidamos que el amor es más fuerte que el dolor de una herida en nuestro interior, quisiera estar contigo y tenerte de la mano cogida. La soledad, que es la soledad, será que es cuando me acuerdo que no tengo a quien abrazar, o tal vez que será cuando no tengo con quien llorar, o será que no tengo con quien reír, soledad que siempre me acompañas en los días y en mis noches, que vivo en un mundo sin amor , donde mis horas y segundos pasan en lo más simple de la mi vida, pues, que hace mi soledad tan insoportable, creo que es tu ausencia, lo que hace que mi soledad sea más insoportable, abrazar la soledad como siempre lo he hecho sin llorar, soledad que tiene tu nombre grabado.
Sigo pensando las cosas que podría hacer por ti, y no puedo pues la distancia no separa, y otra vez esa fea sensación de no poder estar a tu lado se apodera de mi, quisiera poder abrazarte, o tan solo simplemente estar a tu lado, lo paso mal, muy mal y agregar a eso el dolor que tengo de no poder estar contigo. No recuerdo la última vez que sonreí, fue un instante mágico, que condensaste con tu mirada, fue la dulzura de cada palabra mencionada, la tristeza de cada caricia nunca olvidada.
Que es extrañarte, extrañarte es sentir que las mañanas no son mañanas, que los colores no son colores, es buscar calor y solo frio, es tratar de respirar el aire y no poder hacerlo, es tener la sed y no poder calmarla, duele extrañarte, ya mi cuerpo no siente el dolor, pues golpeado esta de tantas penas que me aguardaron y me aguardan, de los días interminables que cuento sin verte, podre sobrevivir, pues si estoy vivo no lo sé, pero en mi pecho late mi corazón, aunque dolorido de tanto sufrimiento.
La soledad me acompaña sin darme consejo, sólo me mira, me deja, me envuelve y hace de mi uno más de sus seguidores, uno más de sus fieles. Quizá peque de falta de pudor, de frívolo, de exhibicionista y de irresponsable, pero necesito estar un rato con vosotros, amigos lectores y no puedo seguir con vosotros sin daros una explicación, aunque eso implique haber sacado a la luz algo que muchos quisiéramos mantener en lo más hondo de nuestra intimidad.
He llorado mucho estos días. Y cuando parecía que no me quedaban más lágrimas, volvía a llorar. Os dejo este texto en bruto, fruto de una noche de rabia y de desesperación, necesito este espacio porque siempre me he sentido libre en él, lo necesito como el aire que respiramos, como la tranquilidad de mi alma, y pienso seguir usándolo.
No sé por qué escribo esto. Nunca he creído en el poder terapéutico de la escritura. Ni tan siquiera de la palabra. Nunca he buscado consuelo, son euforias que proceden del poder de la tribu, de las noches estrelladas en el valle del Rif, tu cuna de nacimiento Lolilla. Hoy me he sentido acuciado por una necesidad nueva, por un impulso que jamás había sufrido antes. Hoy, por primera vez, tecleo en busca de un alivio, aunque sin esperanza ninguna de encontrarlo, sabiendo de antemano que ni un ápice del dolor que siento va a menguar cuando termine estas líneas. Loly era mi esposa hasta que Dios se la llevo. Ella lo era todo para mí. Sin ella ya no soy yo. Si quiero seguir siendo yo, necesito a mi Loly.
Escribo en caliente, con el dolor abrasándome el pecho como nunca creí que pudiera quemarme. Con los ojos rojos de llanto como nunca los había tenido. Resistiéndome a hacerme la pregunta del "y por qué a ni". Sabedor de que la desgracia acecha siempre a la vuelta de la esquina y de que la felicidad nunca se puede dar por asentada. Nunca he sido tan ingenuo como para pensar que esa felicidad era inquebrantable. Creo que todo puede romperse y que nada dura eternamente. Sé que todo puede hundirse en un instante, pero cuando se hunde, tus creencias no te salvan del terror. Nada te salva del terror. Cuando llega el hundimiento, estoy tan desprotegido como el más ingenuo de los mortales.
Sigo sin saber por qué estoy escribiendo esto ni sé si se convertirá en una rutina. De pronto, todo se ha vuelto incierto y oscuro de una forma que jamás hubiera imaginado. Así que supongo que ahora estoy haciendo lo único que puedo hacer para no diluirme en el dolor: escribir. No como consuelo, no como grito desesperado, no como venganza. El dolor no amaina, el consuelo no llama a ninguna parte de mi cuerpo. Si ha habido bálsamo, estoy tan amargado que no he sentido cómo se derramaba por mi cuerpo.
A pesar de los años de tu desaparición Lolilla, el sufrimiento no mengua, pero las letras me ayudan a avanzar en el caos de mi mente. Me esmero por utilizar una sintaxis correcta y un estilo sencillo, directo y absolutamente racional. No busco la histeria al escribir, sino el orden de la frase bien construida. No quiero reflejar el caos en la escritura, quiero defenderme de él, armarme contra él. Y eso creo que sí que puedo conseguirlo, aunque el pecho siga quemándome y no se vaya a apagar nunca.
Ese mantel de hilo bordado que hicisteis con tus agujas de crochet aun está guardado se lo daré a tu hija Paqui ya ella siempre ha apreciado tus labores, o aquel juego de copas de cristal del que sólo quedan cuatro o cinco piezas, también se lo enviare, cuando lleguemos a ver si te puedo hacer una misa en la Iglesia que hay junto a la casa de tu hija Paqui.
¿Todos los recuerdos se almacenan en la misma zona del cerebro? ¿Dónde se almacenan los recuerdos? Si fuera en una sola zona del cerebro, con un accidente podríamos perder absolutamente toda la información que tenemos acumulada. Pero esto no es así, así se explica que los recuerdos no desaparezcan nunca o difícilmente, ya que es casi imposible borrar todos los elementos que los componen. Esto explica, también, por qué, a veces, no tenemos más que recuerdos parciales: hoy podemos ser incapaces de recordar el perfume de nuestra ser querido, pero es muy probable que dentro de unos días sí lo consigamos.
La tristeza que sentimos es un sentimiento una de las muchas emociones humanas normales, o estados de ánimo que tenemos todos. La tristeza es la emoción que sentimos cuando hemos perdido alguien querido, cuando nos ha decepcionado la vida o cuando ha ocurrido alguna desgracia que nos afecta directamente. Cuando nos sentimos solos, a menudo nos sentimos tristes. Cuando estamos tristes, es fácil que el mundo nos parezca oscuro e inhóspito, y que no haya nada que nos haga ilusionar. Es posible que el dolor que siento en mi interior no permita que aflore mi buen humor habitual. Cuando estoy triste, es posible que tenga ganas de llorar, y a veces me resultará difícil contener las lágrimas. Pero probablemente el hecho de llorar me ayudará a sentirme mejor. A veces, cuando uno está triste, sólo quiere que le dejen solo durante un rato. O puede preferir que otra persona me consuele o se limite a hacerme compañía. Hablar sobre lo que nos ha puesto tristes suele ayudar a mitigar este sentimiento. Cuando la tristeza se empieza a alejar, es posible que tenga la sensación de que me están quitando un peso de encima.
La soledad, ¿qué es la soledad?, ¿será que es cuando me acuerdo que no tengo a quien abrazar?, o ¿tal vez que será cuando no tengo con quien llorar?, o ¿tal vez será que no tengo con quien reír?, soledad que siempre me acompañas en los días y en mis noches, que vivo en un mundo vacio, donde mis horas y segundos pasan en lo más simple de la vida. ¿Qué hace mi soledad tan insoportable?, creo que es tu ausencia, lo que hace que mi soledad sea más insoportable, abrazaría la soledad como siempre lo he hecho, llorar, soledad tiene el nombre grabado de tu ausencia, "Lolilla".
En cada pedacito de tiempo lloramos un poco por muchas cosas difíciles de entender y nos sentimos impotentes ante nuestro sufrimiento, yo creía que las personas éramos seres especiales enviados a la tierra para amarse, crecer y morir juntos, pensaba que todos los días había alguien dispuesto a hacernos felices, quise reír, pero un recuerdo me hizo llorar, la misión debe continuar, con mucho peso sobre nuestros hombros, debemos seguir, tal vez en el camino encontremos la luz de las estrellas que brillan recordándome donde estas tu, Lolilla.
La noche en su oscuridad encierra, dolor, angustia, desconsuelo, lo negro de la noche guarda, la pena, el llanto y el recelo de pensar, que cuando el sol salga no podre ni siquiera verlo. A veces el silencio y la soledad se confunden y me hablan de ti, a veces el temor y la angustia susurran tu voz a veces me dicen que existe Dios y que tu estas a su lado, Lolilla, entonces soy feliz, tu ausencia es una angustia que me aprisiona, mi ser se desmorona, por los días que no te veo
Alzo mi voz a Dios gritando, alzo mi voz a Dios para que me oiga. En mi angustia te busco, Lolilla; de noche extiendo las manos sin descanso, y mi alma rehúsa el consuelo. Cuando me acuerdo de ti, gimo, y meditando me siento desfallecer. Sujeto los párpados de mis ojos, y la agitación no me deja hablar. Repaso los días antiguos, recuerdo los años remotos cuando los dos estábamos en esta tierra; de noche lo pienso en mis adentros, y meditándolo me pregunto ¿es que Dios ya no me oye?
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